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martes, 29 de enero de 2013

UNA REALIDAD APARTE DE CARLOS CASTANEDA

Sin saber si es verdad o no, lo que sus obras transmitían, considero a riesgo de estar equivocada, que por lo menos leer alguno de estos libros, como por ejemplo "Una realidad aparte" es de lectura imprescindible. Podemos dudar o no de los hechos de la narración, pero como consecuencia, podemos y debemos dudar de la realidad mundana  que nuestros ojos miopes, que no ciegos, ven.
Cuenta las vivencias de un antropólogo, al recibir el entrenamiento de un chamán indio, para poder alcanzar la percepción de una realidad, que a las personas que vivimos encadenadas a una vida llamada normal, se nos escapa. Llega a entender la poca importancia que tiene en realidad nuestros objetos y personas más valorados en nuestra vida, llega a contactar con los espíritus de la naturaleza, a perdonarse a sí mismo.
Todo ello mediante el consumo de una serie de plantas psicotrópicas que abren accesos en nuestro cerebro, que normalmente están cerrados. Admito que algunas enseñanzas de este chamán, puedan ser inverosímiles como la capacidad de transportarse mediante la marcha de poder, que si no recuerdo mal, era desplazamiento mediante zancadas enormes, -lo leí con unos 20 años y la memoria me falla seguro.
Y digo yo, que si hubiera ciertas plantas que pueden aumentar nuestra capacidad de percepción, ¿no habrá otros elementos a nuestro alrededor que las disminuyen? como por ejemplo, la televisión, algunos libros, -sí considero que ciertos tipos de literatura, invierten el proceso de reflexión, como por ejemplo el libro "Ojalá fuera cierto", libro que dará paso a la típica comedia romántica, insulsa y engañosa, del cual no puede ni leer unas cuántas páginas-, internet, los videojuegos, algunas películas, ciertas personas, el trabajo no deseado y un largo etcétera. Con ello no apoyo el consumo de ciertas hierbas para ser más abiertos, pero por lo menos tener en cuenta los consejos y enseñanzas de este brujo llamado Juan, que en el plano meramente filosófico son muy valiosas y aprenderemos a relativizar nuestras propias contracorrientes.
Para acabar hago la siguiente pregunta, ¿qué es la realidad? por ejemplo, en el arte comunmente le llamamos realismo a las pinturas que se asemejan lo máximo posible a lo que ven los ojos, pero creo que sería más conveniente llamar realismo a lo que percibe la mente, con lo que el surrealismo podría acercarse conceptualmente al realismo o incluso al hiperrealismo. Como no he estudiado bellas artes me callo de una vez y otro día os hablaré de "Camposanto" de Íker Jiménez, enlazando un poco con estos argumentos.

Un abrazo.

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